miércoles, 18 de abril de 2007

Energía

1992. En la “prepa” elegí la carrera técnica relacionada a computadoras, era lo nuevo, al menos para el mercado doméstico.
Las máquinas de nuestro módulo de prácticas incluían procesadores 8088 y 80286, con pantallas verdes y naranjas, procesadores de texto rudimentarios comparados con los actuales y dos estoicas impresoras de matriz de punto que soportaban los usos y abusos de más de un centenar de bellacos.
Fin de semestre, módulo atascado. Todos los maestros nos pedían memorias impresas de todas sus clases para asegurarse que al menos aprendiéramos a teclear. El aire acondicionado a todo lo que daba, todas la máquinas ocupadas, jóvenes yendo y viniendo, platicando, gritando, jugando. Generalmente, para hacer renegar a los demás, llegábamos y apagábamos el aire acondicionado y luego, ya que los afectados se paraban para prenderlo, nosotros mismos lo encendíamos y salíamos corriendo. Dos interruptores estaban en la pared frontal. Y surge el típico “graciosito” tratando de desconcentrar a los demás; se va hacia los interruptores y… ¡Zaz!, baja alguno. Nunca tomó en cuenta que uno era del aire acondicionado y que el otro controlaba la energía central del módulo. Tarde se dio cuenta del error que había cometido, ya que todas las máquinas se apagaron. Vuelve a subir el interruptor, pero el daño ya estaba hecho. Todo el mundo comenzó a preguntarse qué había pasado. Levantan la vista y encuentran al responsable parado frente a ellos con las manos en los controles. Chiflatas y recordatorios familiares fueron la reacción primera. La mayoría de los que estaban capturando tenían más de 2 horas tecleando sin guardar su trabajo. Las amenazas de que iba a tener que capturar el trabajo de todos no se hicieron esperar.
Algunas computadoras ya no volvieron a encender porque se habían dañado los sectores de arranque del disco duro. Algunos diskettes dañados. En general, la “bromita” había provocado una catástrofe.
Tres lecciones salieron de esto:
Primera: al bromista le quedó muy claro que el interruptor del aire acondicionado era el de la derecha.
Segunda: Los usuarios entendimos que había que configurar la opción de guardado automático que traen los programas o en su defecto salvar la información todas las veces posibles aunque parezca tic nervioso.
Tercera: a mí me quedó claro que las computadoras que lograron encender sin muchos problemas fueron las que tenían regulador instalado.
Los reguladores son una forma barata de proteger hasta cierto punto el ordenador, ya que evita que cambios bruscos en la corriente lleguen hasta la fuente de poder dejándola inservible y probablemente dañando algunos componentes mas.
En esos tiempos, poco se pensaba en tener un Ups o No-breake ya que no estaban al alcance del bolsillo de un usuario doméstico. Estos aparatejos tienen una batería y un regulador integrado, que al cortarse la corriente que los alimenta, convierte la energía de la batería en electricidad doméstica, lo que te permite seguir trabajando o guardar tu trabajo sin sobresaltos y apagar la máquina para esperar a que vuelva la energía de la red eléctrica.
Actualmente, el costo asequible los hace un elemento indispensable para cualquier computadora, ya sea de casa o de oficina. Los hay a partir de 85 dólares y te ofrecen respaldo desde 5 minutos hasta 20 dependiendo la carga a que esté sometido, las especificaciones y la calidad del No-breake. En lo personal, tengo todos mis equipos electrónicos (y algunas lámparas de escritorio) protegidos de esta manera, así que cuando se va la “luz” (que en el centro de Colima es muy constante) recuerdo que la inversión que hice en esos chismes tecnológicos valió la pena.

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