Es bastante frecuente que algunos de mis clientes me hablen por teléfono para solicitar auxilio con sus máquinas. De hecho, no es algo que me incomode, sino que es un “plus” que tienen quienes me eligieron para dar soporte a su computadora. Hasta aquí, todo bien.
El problema comienza cuando, para poder ayudarles, les pregunto qué es lo que pasa. “Es que esta cosa no quiere conectarse a internet”, “es que dice que no puede abrir el archivo”, “es que...” entre tantas más opciones. Al preguntar por respuestas más específicas, generalmente dicen: “es que aparece un cuadro que dice que no puede…” o cosas por el estilo. Eso, a nivel técnico y por teléfono, no ayuda en nada. Al que intentará resolver no le dice cosa alguna sobre cuál es el problema, al contrario, lo confunde más, ya que con esos síntomas, las posibilidades son infinitas. En mi caso, generalmente le pido a mi interlocutor, que me describa específicamente el cuadro de diálogo que le aparece, y que lo repita textualmente, ya que solo así será posible determinar el problema sin estar físicamente frente a la máquina.
Ésta es la parte sencilla del asunto, si tengo suerte de que el solicitante sea un usuario neófito. Las cosas complicadas vienen con los usuarios más o menos experimentados, que aparte de decirte las frases que reproduzco arriba, te dicen sus posibles soluciones, que muchas veces no tienen nada que ver con los problemas reales de la máquina. Hacen juicios de cosas que muchas veces no vienen al caso y que solo complican la solución del problema.
Recientemente, una de ellas, me dijo: “mi portátil no se conecta a internet”, y le pedí que me describiera detalladamente el problema. Mencionó que le aparecía un cuadro de diálogo que le pedía el tipo de conexión que quería tener. Por experiencia, supuse que se refería a una solicitud que aparece para seleccionar si el tipo de conexión será por red, por red inalámbrica o por teléfono, así que le dije que no estaba seguro pero pedí que me llevara el equipo para revisarlo y le aseguré que, de ser lo que ella me decía, estaría lista en dos clicks. Quedamos que sería otro día por cuestiones de tiempo. La volví a ver antes de que me llevara el equipo y pregunté de nuevo cuáles eran los síntomas. Sobra decir que la descripción cambió contra lo que me había dicho anteriormente. No estoy tan seguro de que yo haya sido el que cambió las preguntas, pero parece que esta vez, su respuesta fue más cercana a la realidad.
Por fin me llevó el equipo y pude “meterle mano” (al equipo, claro está).
No fueron dos clicks, sino tres los que tuve que hacer para componerla, le dije. Me preguntó con asombro si de verdad ya estaba lista. Respondí con una frase que incluso a mí, me sonó fanfarrona, pero es la verdad: “el que sabe, sabe; y el que no, que se ponga a estudiar”. Los dos reímos por la ocurrencia.
La realidad de todo esto es que para facilitar el correcto diagnóstico y solución, es necesario que, como usuarios, nos acostumbremos a describir lo más fielmente posible las fallas y los cuadros de diálogo que aparezcan. ¿Qué podemos hacer cuando tenemos memoria de teflón? (por aquello de que no se nos “pega” nada) pues la solución es muy sencilla, en el momento del fallo, o de la aparición del cuadro de diálogo, simplemente presionamos una tecla (olvidada) de la parte superior del teclado que se llama “prt scr” o “impr pant”. Lo que hace esta tecla, es capturar lo que estemos viendo en pantalla y pasarlo al portapapeles en forma de imagen. Después, para poderla almacenar es necesario abrir el procesador de textos de su elección, abrir un nuevo documento, ir al menú de edición y poner pegar (teclas de acceso rápido: ctrl+v). Con esto, lograremos copiar la pantalla que capturamos previamente en el procesador, en caso de ser varias, habrá que repetir el procedimiento de copiar y pegar. Después de esto, ya podemos guardarla para cuando el técnico nos lo solicite.
Ahora que ya sabemos cómo hacerlo, vayamos al cuándo. La respuesta mas sencilla no siempre es la más sensata, como ocurre en este caso; no siempre es necesario llamar al técnico para que solucione nuestros problemas. Vamos a reducirlo a unas cuantas situaciones.
Pediremos auxilio cuándo:
La máquina presente un error recurrente.
Notemos que han desaparecido archivos.
Se reinicie el sistema sin razón aparente.
Y, definitivamente, cuando hayamos presionado el “si” después de que nos apareció un cuadro de diálogo donde decía “¿Quiere formatear la unidad C?”
sábado, 19 de mayo de 2007
domingo, 6 de mayo de 2007
Códecs
Nos han pasado una película en un formato raro para nosotros, .avi o .rm o cualquier otro que no es de los que estamos acostumbrados a ver. Nuestra computadora “no quiere” reproducirlo, dice que bajará el “códec” de internet, pero… no tenemos internet, o bien, se conecta, hace la faramalla de que lo baja y a la hora de la hora nos devuelve el anuncio de que no puede reproducirlo. ¿Qué podemos hacer?
Bueno, primero tenemos que saber qué es un códec. ¿Por qué? Porque en caso contrario, estaríamos “dando palos de ciego”, buscando algo que no sabemos ni qué es ni cómo encontrarlo.
La palabra códec es un acrónimo de las palabras codificador-decodificador, con lo que nos ilustra bastante bien acerca de cuál es su función. En pocas palabras es un intérprete de archivos, generalmente de audio y video, donde la información se graba de cierta manera y con determinada compresión. Con estos estándares, no es difícil que un decodificador apropiado “sepa” interpretar el acomodo en el archivo.
Por supuesto que cada códec tiene sus ventajas y desventajas, ya sea en calidad de compresión, en calidad de reproducción de sonido, entre otros. Creo que una de las desventajas que tienen algunos es la dificultad de encontrarlos en la red. También te puedes encontrar con la “dicha” de que tienes que instalar un nuevo reproductor de medios para tener “x” códec (no estoy hablando específicamente de Real Player… ehhh… bueno, tampoco estoy hablando de Quick Time).
Pero, ¿qué podemos hacer cuando la computadora nos pide un códec?
Primer procedimiento: dejar que nuestro reproductor de medios se comunique con su central y trate de bajar los códecs de ahí.
¿Qué hacer en caso de que nos dé un mensaje de error? Bueno, pues existen un montón de paquetes de códecs en internet. ¿Cómo los “bajo”? La manera más sencilla es ir al buscador de nuestra preferencia y teclear la palabrita mágica. No nos podemos dejar llevar por la primera liga que nos muestre, tenemos que buscarle un poquito más.
En lo personal, yo uso un paquete gratuito que me ha dado bastante buen servicio. El K-Lite Codec Pack no es tan pesado (14.2 Mb) y con una conexión de banda ancha se descarga en menos de cinco minutos.
Este paquete de códecs viene en tres versiones, la Basic, Standard y Full. En mi caso, descargué la versión Full, ya que a veces bajo videos de internet y vienen en codificaciones raras, así que para no tener problemas, de una vez me animé por la completa. Hasta este momento, no ha habido códec que se resista ante el paquete en cuestión.
Su instalación es bastante sencilla. Después de descargarlo, hay que configurar cuáles son los códecs que queremos tener. Por defecto, el pack trae preseleccionados los más usuales, aunque yo les recomendaría que eligieran la mayor cantidad de códecs posibles, para no tener problemas en el futuro. Esto se hace tan sencillo como hacer clics con ratón.
El paquete instala además un reproductor, el Media Player Classic, que se puede manejar cómodamente con el teclado una vez que tomas un poco de práctica. Tiene teclas para hacer zoom (acercamiento y alejamiento) a la imagen, cambio de formato rápido (pantalla normal a panorámica y viceversa) y muchas opciones más.¿Tiene alguna desventaja? Pues, como todo en esta vida: SÍ. El pequeño inconveniente es que está exclusivamente en inglés, pero es bastante intuitivo en su uso, así que con un poquito de dedicación, podemos manejarlo fácilmente como un profesional.
Bueno, primero tenemos que saber qué es un códec. ¿Por qué? Porque en caso contrario, estaríamos “dando palos de ciego”, buscando algo que no sabemos ni qué es ni cómo encontrarlo.
La palabra códec es un acrónimo de las palabras codificador-decodificador, con lo que nos ilustra bastante bien acerca de cuál es su función. En pocas palabras es un intérprete de archivos, generalmente de audio y video, donde la información se graba de cierta manera y con determinada compresión. Con estos estándares, no es difícil que un decodificador apropiado “sepa” interpretar el acomodo en el archivo.
Por supuesto que cada códec tiene sus ventajas y desventajas, ya sea en calidad de compresión, en calidad de reproducción de sonido, entre otros. Creo que una de las desventajas que tienen algunos es la dificultad de encontrarlos en la red. También te puedes encontrar con la “dicha” de que tienes que instalar un nuevo reproductor de medios para tener “x” códec (no estoy hablando específicamente de Real Player… ehhh… bueno, tampoco estoy hablando de Quick Time).
Pero, ¿qué podemos hacer cuando la computadora nos pide un códec?
Primer procedimiento: dejar que nuestro reproductor de medios se comunique con su central y trate de bajar los códecs de ahí.
¿Qué hacer en caso de que nos dé un mensaje de error? Bueno, pues existen un montón de paquetes de códecs en internet. ¿Cómo los “bajo”? La manera más sencilla es ir al buscador de nuestra preferencia y teclear la palabrita mágica. No nos podemos dejar llevar por la primera liga que nos muestre, tenemos que buscarle un poquito más.
En lo personal, yo uso un paquete gratuito que me ha dado bastante buen servicio. El K-Lite Codec Pack no es tan pesado (14.2 Mb) y con una conexión de banda ancha se descarga en menos de cinco minutos.
Este paquete de códecs viene en tres versiones, la Basic, Standard y Full. En mi caso, descargué la versión Full, ya que a veces bajo videos de internet y vienen en codificaciones raras, así que para no tener problemas, de una vez me animé por la completa. Hasta este momento, no ha habido códec que se resista ante el paquete en cuestión.
Su instalación es bastante sencilla. Después de descargarlo, hay que configurar cuáles son los códecs que queremos tener. Por defecto, el pack trae preseleccionados los más usuales, aunque yo les recomendaría que eligieran la mayor cantidad de códecs posibles, para no tener problemas en el futuro. Esto se hace tan sencillo como hacer clics con ratón.
El paquete instala además un reproductor, el Media Player Classic, que se puede manejar cómodamente con el teclado una vez que tomas un poco de práctica. Tiene teclas para hacer zoom (acercamiento y alejamiento) a la imagen, cambio de formato rápido (pantalla normal a panorámica y viceversa) y muchas opciones más.¿Tiene alguna desventaja? Pues, como todo en esta vida: SÍ. El pequeño inconveniente es que está exclusivamente en inglés, pero es bastante intuitivo en su uso, así que con un poquito de dedicación, podemos manejarlo fácilmente como un profesional.
miércoles, 2 de mayo de 2007
Reproductor mp3
En la colaboración pasada, hablaba de los “gadgets” esos aparatitos pequeños y llamativos que “pueden tomar” diferentes formas y funciones. Había quedado pendiente ahondar en el tema de los reproductores multimedia alternativos a iPod, el rey indiscutible de ventas.
Algún amable lector me hizo llegar el comentario de que entonces estos reproductores opcionales eran “piratas” porque quien inventó el concepto del reproductor digital era iPod (Apple). Entonces yo pregunto ¿no sería pirata también iPod, ya que Sony inventó el walkman en los años 70 y Phillips hizo lo propio con el cd, el máximo exponente de la música digital? ¿Hasta dónde podemos considerar que alguna empresa pueda “apropiarse” de una idea tan general? En fin, creo que esto será cuestión de análisis para otra ocasión.
El formato de música mp3 surge a mediados de los 90 ante la necesidad de tener más música en menos espacio, así que podemos definirlo como un formato de compresión digital. Tiene una gran ventaja, la calidad de la reproducción no se ve comprometida a pesar del tamaño reducido del archivo. Existen otros muchos formatos de compresión como pueden ser wma, ogg vorbis, aac, los cuales tienen también sus ventajas y desventajas.
En la actualidad los formatos más difundidos son Mp3 (Instituto Fraunhofer) y wma (Microsoft). Si bien el segundo ha logrado su popularidad “a fuerzas” (es el que trae por defecto toda la familia de Sistemas Operativos de Microsoft), el primero tiene adeptos naturales por su antigüedad y calidad de compresión. A partir de este formato, se crearon programas para compartir archivos entre usuarios (llamados peer to peer), quizá el más famoso ha sido Napster, envuelto en batallas legales “por promover la piratería”, luego desmembrado y vendido.
También, gracias a la popularidad del mp3 se inventaron reproductores específicos para este formato, aunque en la actualidad lo más común es que puedan reproducir los dos arriba mencionados.
Alguna vez, hace unos años, compré un “discman” (no era Sony, así que lo entrecomillo), reproducía mp3 y obviamente cd’s comunes. Tenía un sistema anti-Shock (para que no dejara de “tocar” con movimientos bruscos) de 90 segundos. Supuse que esta memoria interna era suficiente para mis necesidades, ya que lo quería para ejercitarme, específicamente para correr.
Emocionado, lo desempaqué, le coloqué las 2 baterías doble-A, conseguí un disco “eme-pe-tres” con cerca de 200 canciones, coloqué el reproductor en una “cangurera”, me puse los audífonos y me subí a la bicicleta para ir a la unidad deportiva a hacer ejercicio.
Inició la reproducción del disco sin contratiempos, pedaleé por una cuadra y… ahí comenzaron los problemas. El cantante se quedaba mudo, luego volvía a donde se había quedado, cantaba por cinco segundos y se repetía la historia. Un desastre.
Obviamente, para hacer ejercicio, no servía. Incluso después lo probé en un auto en movimiento; mientras fuera por el pavimento no había mayor problema, pero al encontrarse con una calle empedrada, como abundaban aquí hace algunos años, era insufrible el asunto. Así que lo dejé exclusivo para reproducción casera.
Desde esa mala experiencia, mi reproductor de música favorito fue mi “estereo” casero conectado a la computadora, lo que me daba la posibilidad de controlar el orden de las canciones, el número de las mismas y otras opciones más.
Cuando salieron los reproductores “nuevos”, mi recelo natural me impidió comprar uno, hasta que no estuvieran perfectamente probados. Por fin, la oportunidad llegó en noviembre pasado; compré mi primer reproductor, el cual tiene capacidad de 1Gb (280 canciones), además, la posibilidad de transportar archivos, como si fuera una de las populares memorias usb. La pantalla es de tres líneas, donde indica el nombre de la canción, su número, el tipo de compresión y la carga de la batería. Los formatos que reproduce son wma y mp3, cuenta con radio FM y grabadora de voz. Usa una sola batería triple “A” y su autonomía es de 8 horas con la recargable. Es una maravilla de la tecnología y… no es iPod.
Algún amable lector me hizo llegar el comentario de que entonces estos reproductores opcionales eran “piratas” porque quien inventó el concepto del reproductor digital era iPod (Apple). Entonces yo pregunto ¿no sería pirata también iPod, ya que Sony inventó el walkman en los años 70 y Phillips hizo lo propio con el cd, el máximo exponente de la música digital? ¿Hasta dónde podemos considerar que alguna empresa pueda “apropiarse” de una idea tan general? En fin, creo que esto será cuestión de análisis para otra ocasión.
El formato de música mp3 surge a mediados de los 90 ante la necesidad de tener más música en menos espacio, así que podemos definirlo como un formato de compresión digital. Tiene una gran ventaja, la calidad de la reproducción no se ve comprometida a pesar del tamaño reducido del archivo. Existen otros muchos formatos de compresión como pueden ser wma, ogg vorbis, aac, los cuales tienen también sus ventajas y desventajas.
En la actualidad los formatos más difundidos son Mp3 (Instituto Fraunhofer) y wma (Microsoft). Si bien el segundo ha logrado su popularidad “a fuerzas” (es el que trae por defecto toda la familia de Sistemas Operativos de Microsoft), el primero tiene adeptos naturales por su antigüedad y calidad de compresión. A partir de este formato, se crearon programas para compartir archivos entre usuarios (llamados peer to peer), quizá el más famoso ha sido Napster, envuelto en batallas legales “por promover la piratería”, luego desmembrado y vendido.
También, gracias a la popularidad del mp3 se inventaron reproductores específicos para este formato, aunque en la actualidad lo más común es que puedan reproducir los dos arriba mencionados.
Alguna vez, hace unos años, compré un “discman” (no era Sony, así que lo entrecomillo), reproducía mp3 y obviamente cd’s comunes. Tenía un sistema anti-Shock (para que no dejara de “tocar” con movimientos bruscos) de 90 segundos. Supuse que esta memoria interna era suficiente para mis necesidades, ya que lo quería para ejercitarme, específicamente para correr.
Emocionado, lo desempaqué, le coloqué las 2 baterías doble-A, conseguí un disco “eme-pe-tres” con cerca de 200 canciones, coloqué el reproductor en una “cangurera”, me puse los audífonos y me subí a la bicicleta para ir a la unidad deportiva a hacer ejercicio.
Inició la reproducción del disco sin contratiempos, pedaleé por una cuadra y… ahí comenzaron los problemas. El cantante se quedaba mudo, luego volvía a donde se había quedado, cantaba por cinco segundos y se repetía la historia. Un desastre.
Obviamente, para hacer ejercicio, no servía. Incluso después lo probé en un auto en movimiento; mientras fuera por el pavimento no había mayor problema, pero al encontrarse con una calle empedrada, como abundaban aquí hace algunos años, era insufrible el asunto. Así que lo dejé exclusivo para reproducción casera.
Desde esa mala experiencia, mi reproductor de música favorito fue mi “estereo” casero conectado a la computadora, lo que me daba la posibilidad de controlar el orden de las canciones, el número de las mismas y otras opciones más.
Cuando salieron los reproductores “nuevos”, mi recelo natural me impidió comprar uno, hasta que no estuvieran perfectamente probados. Por fin, la oportunidad llegó en noviembre pasado; compré mi primer reproductor, el cual tiene capacidad de 1Gb (280 canciones), además, la posibilidad de transportar archivos, como si fuera una de las populares memorias usb. La pantalla es de tres líneas, donde indica el nombre de la canción, su número, el tipo de compresión y la carga de la batería. Los formatos que reproduce son wma y mp3, cuenta con radio FM y grabadora de voz. Usa una sola batería triple “A” y su autonomía es de 8 horas con la recargable. Es una maravilla de la tecnología y… no es iPod.
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Publicado El Mundo desde Colima 30abr07
Gadgets
Me considero un amante ferviente… de lo relacionado con la tecnología; me gusta saber qué nuevo invento útil o inútil están lanzando, las tendencias para el próximo año y algunas para el futuro no tan próximo. Los “gadgets” como ahora se les llama a los artilugios pequeños, prácticos y novedosos, suelen estar diseñados ingeniosamente, tanto para llamar la atención como para tratar de marcar tendencia.
Los hay para todos los gustos, necesidades e “innecesidades” (por aquello de que te “inyectan”, mediante mercadotecnia, las ganas de tener tal o cual gadget), pero al que me quiero referir en este momento lleva cien millones de unidades vendidas (no es error de imprenta) en apenas 5 años y medio, el omnipresente iPod. En este caso, su servidor no podría diferenciar entre la mercadotecnia y las necesidades reales que cubre este artefacto.
Para todos los que nos gusta la música, el poder tener a la mano, en donde estemos, una buena parte de nuestra colección, era impensable hasta hace poco tiempo.
Un iPod es un dispositivo que tiene la capacidad de reproducir música y video dependiendo de la versión del mismo que tengamos. Algunos solamente pueden reproducir música, pero caben 3 en la palma de la mano.
Para darnos una idea del tamaño del modelo Shuffle, solo con decir que es la mitad de una cajetilla de cerillos es más que suficiente. Su única limitación radica en que no tiene pantalla, pero con ese reducido tamaño y 1Gb de capacidad (240 canciones) quién se fija en esas nimiedades.
Del iPod nano, cabrían dos en una mano extendida, tiene pantalla de 1.5 pulgadas medidas en diagonal; los hay de tres capacidades, 500, 1,000 y 2,000 canciones (2, 4 y 8 Gb).
Otro de ellos es el iPod “a secas” éste ya viene con una pantalla de 2.5 pulgadas y unas capacidades exorbitantes, algo así como 7,500 y 20,000 canciones (30 y 80 Gb), aunque también es importante señalar que tiene capacidad de reproducción de películas y programas televisivos. Su tamaño es un poco menos de una mano. Ésta es la joya de la corona.
Hay disponibles varias versiones más, pero algunas de ellas son ediciones especiales de colección y otras las he visto adornadas de diamantes (por supuesto, por internet).
De toda esta descripción se desprende una pregunta. ¿Cuánto cuestan? Humm… ¡hay cosas en esta vida que no tienen precio!
Pasando a cosas serias, lo que me parece más interesante de toda esta locura tecnológica es la gama de accesorios disponibles para este artefacto. Hay desde carátulas, fundas, cargadores para auto, bocinas externas, audífonos y protectores a prueba de agua (con los que se puede bucear hasta 5 metros escuchando música) y toda una infinidad de anexos y conexos.
Hasta ahora, se han contado más de 400 complementos. Como ya podemos imaginarnos, no todos son “originales” o vendidos por la tienda “oficial” (Apple Store). Esto, desde mi punto de vista, lejos de ser perjudicial, es beneficioso, porque ha dado trabajo a infinidad de personas alrededor del mundo, propiciando un incremento en la economía, fuentes de empleo en países necesitados y, por qué no, ingenio para diseñar un nuevo accesorio.
Otro aspecto interesante a tratar sería la legalidad de la música y las películas contenidas. The Apple Store cuenta con una sección donde se puede descargar música de manera legal (por supuesto que mediante un pago). Los números hablan de un contenido de cinco millones de canciones, 350 programas y series de televisión y más de 400 películas.
Ventas por más de 2.5 millones de canciones, 50 millones de programas de televisión y 1.3 millones de películas, nos exponen una demanda creciente por música y contenido legal barato. ¡¡¡Asombroso!!!
También tenemos a todas las compañías que buscan una tajada de este nicho de mercado de reproductores portátiles de audio y video, mismas que han creado “imitadores” de iPod. Lo pongo entrecomillado porque no me parece que sean imitaciones, porque son reproductores de multimedia y/o audio, vienen en diferentes presentaciones, algunas nada tienen en común con el multimentado iPod. Éstos “tocan” mp3, wma y en algunos casos otros formatos. En otra ocasión los veremos más a detalle.Después de éste somero análisis podemos ver que un futuro que ni nos imaginábamos, nos alcanzó. ¡Y lo que falta por ver!
Los hay para todos los gustos, necesidades e “innecesidades” (por aquello de que te “inyectan”, mediante mercadotecnia, las ganas de tener tal o cual gadget), pero al que me quiero referir en este momento lleva cien millones de unidades vendidas (no es error de imprenta) en apenas 5 años y medio, el omnipresente iPod. En este caso, su servidor no podría diferenciar entre la mercadotecnia y las necesidades reales que cubre este artefacto.
Para todos los que nos gusta la música, el poder tener a la mano, en donde estemos, una buena parte de nuestra colección, era impensable hasta hace poco tiempo.
Un iPod es un dispositivo que tiene la capacidad de reproducir música y video dependiendo de la versión del mismo que tengamos. Algunos solamente pueden reproducir música, pero caben 3 en la palma de la mano.
Para darnos una idea del tamaño del modelo Shuffle, solo con decir que es la mitad de una cajetilla de cerillos es más que suficiente. Su única limitación radica en que no tiene pantalla, pero con ese reducido tamaño y 1Gb de capacidad (240 canciones) quién se fija en esas nimiedades.
Del iPod nano, cabrían dos en una mano extendida, tiene pantalla de 1.5 pulgadas medidas en diagonal; los hay de tres capacidades, 500, 1,000 y 2,000 canciones (2, 4 y 8 Gb).
Otro de ellos es el iPod “a secas” éste ya viene con una pantalla de 2.5 pulgadas y unas capacidades exorbitantes, algo así como 7,500 y 20,000 canciones (30 y 80 Gb), aunque también es importante señalar que tiene capacidad de reproducción de películas y programas televisivos. Su tamaño es un poco menos de una mano. Ésta es la joya de la corona.
Hay disponibles varias versiones más, pero algunas de ellas son ediciones especiales de colección y otras las he visto adornadas de diamantes (por supuesto, por internet).
De toda esta descripción se desprende una pregunta. ¿Cuánto cuestan? Humm… ¡hay cosas en esta vida que no tienen precio!
Pasando a cosas serias, lo que me parece más interesante de toda esta locura tecnológica es la gama de accesorios disponibles para este artefacto. Hay desde carátulas, fundas, cargadores para auto, bocinas externas, audífonos y protectores a prueba de agua (con los que se puede bucear hasta 5 metros escuchando música) y toda una infinidad de anexos y conexos.
Hasta ahora, se han contado más de 400 complementos. Como ya podemos imaginarnos, no todos son “originales” o vendidos por la tienda “oficial” (Apple Store). Esto, desde mi punto de vista, lejos de ser perjudicial, es beneficioso, porque ha dado trabajo a infinidad de personas alrededor del mundo, propiciando un incremento en la economía, fuentes de empleo en países necesitados y, por qué no, ingenio para diseñar un nuevo accesorio.
Otro aspecto interesante a tratar sería la legalidad de la música y las películas contenidas. The Apple Store cuenta con una sección donde se puede descargar música de manera legal (por supuesto que mediante un pago). Los números hablan de un contenido de cinco millones de canciones, 350 programas y series de televisión y más de 400 películas.
Ventas por más de 2.5 millones de canciones, 50 millones de programas de televisión y 1.3 millones de películas, nos exponen una demanda creciente por música y contenido legal barato. ¡¡¡Asombroso!!!
También tenemos a todas las compañías que buscan una tajada de este nicho de mercado de reproductores portátiles de audio y video, mismas que han creado “imitadores” de iPod. Lo pongo entrecomillado porque no me parece que sean imitaciones, porque son reproductores de multimedia y/o audio, vienen en diferentes presentaciones, algunas nada tienen en común con el multimentado iPod. Éstos “tocan” mp3, wma y en algunos casos otros formatos. En otra ocasión los veremos más a detalle.Después de éste somero análisis podemos ver que un futuro que ni nos imaginábamos, nos alcanzó. ¡Y lo que falta por ver!
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Publicado El Mundo desde Colima 22abr07
Vista
En un artículo anterior comentaba la adquisición de una lap-top marca ACER, la cual venía precargada con Windows Vista Home Edition. Era lo menos que podía esperar por el precio que pagué por ella. De hecho, mi esperanza era que trajera el XP, un sistema operativo con casi 5 años de antigüedad, con infinidad de parches y actualizaciones, pero que dentro de todo funciona más o menos bien. Pero también es necesario actualizarse, me dije a mí mismo. Así que gustoso corrí a desempacar mi reciente adquisición, a probar la tan cacareada nueva versión del sistema operativo de Microsoft.
Sin meternos en muchas complicaciones, un sistema operativo es un intérprete entre lo que quiere hacer el usuario y el lenguaje computadora. En el mercado existen varios entre los más representativos están Linux, Unix, Mac Os, Solaris y por supuesto, el más conocido, Windows en todas sus versiones.
Considero que me defiendo muy bien en Windows XP y en casi todas las versiones anteriores, porque ese es mi trabajo. Domino muy bien las funciones avanzadas del mencionado sistema. Hoy, incursiono en Linux porque es un sistema operativo libre, esto es, que no tienes que pagar licencia alguna para poder usarlo, pero esto lo trataremos en otra ocasión.
Había leído que Windows Vista viene muy cambiado, que los requisitos mínimos de hardware (la parte física de la computadora) estaban muy altos para computadoras “viejitas” que son muchas en este país; que tiene gráficos mejorados y que en el pasador quedaba la inestabilidad (la típica pantalla azul cuando estas trabajando en algo importante, que te dice en pocas palabras que tu trabajo se acaba de ir a la… basura y que debes reiniciar la máquina; o que simplemente se reinicia sola) ¡¡¡¡¡¡Esta inestabilidad tan cuestionada en los sistemas operativos Windows!!!!!!
Bueno, pues desempaqué la mencionada computadora, conecté los cables de alimentación y presioné el botón de encendido. Comenzó la pantallita de inicio de carga del Vista y me puse cómodo. Sé por experiencia, que los Windows precargados en máquinas de marca (no quiere decir que las “armadas” no tengan marca, sino simplemente que son de empresas no conocidas) se tardan entre 15 y 30 minutos en estar instalados. Este tiempo depende de la velocidad del procesador y de la memoria Ram que tengamos. La máquina en cuestión tiene más Ram que cualquiera de su tipo, por lo que supuse que en unos 20 minutos estaría lista la instalación. Pasaron 15 minutos y el mensajito de “espere un momento por favor, cargando archivos…” no se quitaba y un círculo multicolor daba vueltas en pantalla. El foquito del disco duro titilaba, lo cual indica que estaba trabajando normalmente, el problema se presentaría si estuviera permanentemente encendido o apagado. Cuando habían pasado como 25 minutos, me cambió a la pantalla en la cual decía qué era lo que estaba cargando realmente. Iban 45 minutos y aún no tenía para cuando terminar. Casi a punto de pensar que estaba trabada la máquina, lo cual pasaba muy a menudo con casi todas las versiones anteriores de Windows, aparece una pantalla verde, en degradados, y unos iconos. Supuse que el proceso estaba a punto de terminar, pero no era así. Todavía faltaba que instalara todos los complementos. No me dejaba utilizar ni el teclado y si acaso el mouse apenas se movía. Pasaron otros 15 minutos sin siquiera la posibilidad de cancelar el proceso. La carga de los programas era forzada. Esa fue mi primera mala impresión de Vista.
Por fin terminó la instalación. Había transcurrido más de una hora desde el momento que comencé. Las pantallas de instalación fueron decepcionantes, porque no tenía idea de qué proceso estaba realizando o si ya se había trabado la computadora.
La siguiente decepción fue, para mi desagradable sorpresa, los menúes no se parecen para nada a Win XP, toda la estructura está cambiada. Para un técnico, que debe resolver problemas a sus clientes, como es mi caso, esto resulta caótico. Debe uno aprenderse todas las funciones de nuevo, lo que implica ponerse a estudiar aún más, porque con las computadoras antiguas que todavía tienen sistemas operativos de la familia Windows “descontinuados” traen las opciones en otro lugar o incluso no existen. Será un aprendizaje arduo porque el Vista incorpora, al parecer, más opciones que los anteriores.
Siguiente decepción. Por curiosidad, me puse a checar el tamaño del disco duro, para saber cuánto había ocupado el Vista para instalarse. Sorpresa mayúscula. 13 Gigas de mi disco duro habían “desaparecido”. Para darse una idea, eso significa que ocupó lo equivalente a 18 cd’s o 3 Dvd’s. Windows Xp con todo y Office, apenas ocupa entre tres y cuatro Gigas, así que me parece excesivo el tamaño de Vista. Si bien es cierto que el sistema es bastante gráfico, salen animaciones por todos lados, los iconos están en movimiento y todo lo manejas con el mouse; pero, ¿13 Gigas…? Entonces, ¿el próximo Office medirá seis Gigas?
En general, la sensación para un usuario como yo, es desesperación al no encontrar las opciones donde están en otros sistemas. Solo queda practicar mucho.
También es posible que a las personas que usen una computadora por primera vez, les parezca bastante cómodo e intuitivo su uso. Benditos ellos.
Sin meternos en muchas complicaciones, un sistema operativo es un intérprete entre lo que quiere hacer el usuario y el lenguaje computadora. En el mercado existen varios entre los más representativos están Linux, Unix, Mac Os, Solaris y por supuesto, el más conocido, Windows en todas sus versiones.
Considero que me defiendo muy bien en Windows XP y en casi todas las versiones anteriores, porque ese es mi trabajo. Domino muy bien las funciones avanzadas del mencionado sistema. Hoy, incursiono en Linux porque es un sistema operativo libre, esto es, que no tienes que pagar licencia alguna para poder usarlo, pero esto lo trataremos en otra ocasión.
Había leído que Windows Vista viene muy cambiado, que los requisitos mínimos de hardware (la parte física de la computadora) estaban muy altos para computadoras “viejitas” que son muchas en este país; que tiene gráficos mejorados y que en el pasador quedaba la inestabilidad (la típica pantalla azul cuando estas trabajando en algo importante, que te dice en pocas palabras que tu trabajo se acaba de ir a la… basura y que debes reiniciar la máquina; o que simplemente se reinicia sola) ¡¡¡¡¡¡Esta inestabilidad tan cuestionada en los sistemas operativos Windows!!!!!!
Bueno, pues desempaqué la mencionada computadora, conecté los cables de alimentación y presioné el botón de encendido. Comenzó la pantallita de inicio de carga del Vista y me puse cómodo. Sé por experiencia, que los Windows precargados en máquinas de marca (no quiere decir que las “armadas” no tengan marca, sino simplemente que son de empresas no conocidas) se tardan entre 15 y 30 minutos en estar instalados. Este tiempo depende de la velocidad del procesador y de la memoria Ram que tengamos. La máquina en cuestión tiene más Ram que cualquiera de su tipo, por lo que supuse que en unos 20 minutos estaría lista la instalación. Pasaron 15 minutos y el mensajito de “espere un momento por favor, cargando archivos…” no se quitaba y un círculo multicolor daba vueltas en pantalla. El foquito del disco duro titilaba, lo cual indica que estaba trabajando normalmente, el problema se presentaría si estuviera permanentemente encendido o apagado. Cuando habían pasado como 25 minutos, me cambió a la pantalla en la cual decía qué era lo que estaba cargando realmente. Iban 45 minutos y aún no tenía para cuando terminar. Casi a punto de pensar que estaba trabada la máquina, lo cual pasaba muy a menudo con casi todas las versiones anteriores de Windows, aparece una pantalla verde, en degradados, y unos iconos. Supuse que el proceso estaba a punto de terminar, pero no era así. Todavía faltaba que instalara todos los complementos. No me dejaba utilizar ni el teclado y si acaso el mouse apenas se movía. Pasaron otros 15 minutos sin siquiera la posibilidad de cancelar el proceso. La carga de los programas era forzada. Esa fue mi primera mala impresión de Vista.
Por fin terminó la instalación. Había transcurrido más de una hora desde el momento que comencé. Las pantallas de instalación fueron decepcionantes, porque no tenía idea de qué proceso estaba realizando o si ya se había trabado la computadora.
La siguiente decepción fue, para mi desagradable sorpresa, los menúes no se parecen para nada a Win XP, toda la estructura está cambiada. Para un técnico, que debe resolver problemas a sus clientes, como es mi caso, esto resulta caótico. Debe uno aprenderse todas las funciones de nuevo, lo que implica ponerse a estudiar aún más, porque con las computadoras antiguas que todavía tienen sistemas operativos de la familia Windows “descontinuados” traen las opciones en otro lugar o incluso no existen. Será un aprendizaje arduo porque el Vista incorpora, al parecer, más opciones que los anteriores.
Siguiente decepción. Por curiosidad, me puse a checar el tamaño del disco duro, para saber cuánto había ocupado el Vista para instalarse. Sorpresa mayúscula. 13 Gigas de mi disco duro habían “desaparecido”. Para darse una idea, eso significa que ocupó lo equivalente a 18 cd’s o 3 Dvd’s. Windows Xp con todo y Office, apenas ocupa entre tres y cuatro Gigas, así que me parece excesivo el tamaño de Vista. Si bien es cierto que el sistema es bastante gráfico, salen animaciones por todos lados, los iconos están en movimiento y todo lo manejas con el mouse; pero, ¿13 Gigas…? Entonces, ¿el próximo Office medirá seis Gigas?
En general, la sensación para un usuario como yo, es desesperación al no encontrar las opciones donde están en otros sistemas. Solo queda practicar mucho.
También es posible que a las personas que usen una computadora por primera vez, les parezca bastante cómodo e intuitivo su uso. Benditos ellos.
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Publicado El Mundo desde Colima 15abr07
Incumplido
Pues parece que no he cumplido lo que prometí. Actualizar con regularidad este blog. Pero hoy día me pondré a hacerlo. Saludos
jueves, 19 de abril de 2007
¡¡¡¡Que hueva!!!!
La verdad que la musa de la inspiración hoy se niega a visitarme, asi que solo les diré ¡Que tengan un dia muy prolifico en lo que se propogan!
Novedad
He presumido mi nuevo blog entre mis amigos... Algunos me dijeron que tenía lo mismo que en las columnas. Les comento que lo interesante es la estructura y la posiblidad de compartirlo con el mundo.
Sirva esta nota para darle un poco de novedad.
Saludos
Sirva esta nota para darle un poco de novedad.
Saludos
Compañera de viaje
Siguiendo mis propios consejos acerca de la adquisición de una computadora, me decidí a comprar una lap-top, ya que determiné que mis necesidades serían cubiertas con ella. Arduo trabajo el que me esperaba; decidirse a invertir la no poca cantidad de dinero que cuestan es difícil. Me he definido a mi mismo como un comprador del tipo técnico (esos a los que nos gusta que nos den detalles técnicos y diferencias entre modelos), por lo que me hice de una lista donde se incluyen características disponibles y precios (fue fácil porque me dedico a vender esos equipos). En mi caso, es más fácil ayudar a los clientes a decidirse por un modelo, pero como ésta era personal, comprenderán que resulta muy difícil. Comienza la comparativa: cuánto de pantalla, cuánto de Ram, cuánto de disco duro, cuánta velocidad en el procesador. Terminé con una preselección de cerca de 20 máquinas en 4 marcas diferentes por un precio relativamente cercano, diferenciado por unos 2 mil pesos. Todas me gustaban, todas tenían ventajas, también desventajas. ¿Qué hacer? Pues con esa preselección comenzar a descartar. Mis necesidades se centran a hoja de cálculo, internet, procesador de palabras, sincronizar mi celular, básicamente. Con base en esto, podemos definir que necesito una portátil de gama baja, con lo mínimo de velocidad de procesador, relativamente poca Ram, un disco duro de media capacidad y algo muy importante: larga autonomía de la batería.
La lista de 20 no ayudaba en mucho, aunque el factor económico era también determinante, ya que no compraría algo con sobrada potencia que jamás usaría. Descarté todas las que se salían demasiado de lo que quería gastar, por lo que mi lista se redujo a 14; aún eran bastantes. La pantalla para mi gusto debe ser pequeña, unas 12 pulgadas es suficiente, también proporciona dos ventajas adicionales: se reduce el peso y el consumo de batería, lo que da más autonomía; todo esto se traduce en un costo de compra mayor, casi todas estaban sobre los 18 mil pesos, cantidad que no estaba dispuesto a gastar. Pantalla de 17 o 15.4 pulgadas: no quiero un cine rodante y para ver películas ya tengo una TV, así que me decidí por una de 14.1 pulgadas.
Tenía que cuidar algo muy importante: que no se quedara obsoleta pronto por comprar un modelo descontinuado. Estuve escogiendo el bus de datos de la memoria (supongamos que el numerito determina la cantidad de carreteras para llegar a algún lugar) entre más tenga, mejor. Había unas que tenían bus de 400 Mhz, otras de 533 y algunas mas de 667; ésta última era la que más me llamaba la atención por obvias razones, pero la mayoría de la lista rondaba por el bus 533, así que marqué todas ellas junto con las de 667, la pantalla de 14.1 y el precio “convincente”.El resultado no se hizo esperar, 8 máquinas en 3 marcas diferentes a saber: Toshiba, Hp-Compaq y Acer.
Toshiba ya la conocía de una portátil que había comprado hace 6 años y que me había salido muy buena, jamás dio problemas.
Con Hp-Compaq tenía mis reservas, ya que la recién adquirida marca Compaq era conocida por sus máquinas latosas y malitas. Caso contrario de Hp que tiene fama de producir artículos de calidad.
Acer… La armadora mexicana… Hace años había comprado una de escritorio y me había salido malísima, a los primeros meses comenzó a dar problemas. En un año definitivamente ya no servía.
Estaba otra vez atorado entre una conocida que estaba cara, la segunda que me daba un poco de desconfianza y la tercera de la cual no quería saber nada, pero el precio era bastante atractivo.
¿Qué hacer? Apareció una luz en el camino. La autonomía.
Normalmente, las portátiles tienen un funcionamiento sin cables que no rebasa la hora y media, ya que tienen una batería de 4 celdas. ¿Qué alcanzas a teclear con ese tiempo? Este artículo no. La musa de la inspiración no anda por ahí sin hacer nada, está bastante ocupada.
Las Toshiba de mi lista fueron descartadas inmediatamente. Algunas Hp tampoco aguantaron y, para mi sorpresa, todas las Acer se quedaron. Tenían baterías de 6 celdas. Cuatro eran las finalistas.
Dos Hp-Compaq, una procesador AMD Sempron, otra con Intel y dos Acer con Intel. El Sempron, según comparativas que he leído trae dos problemas a saber: se sobrecalienta y es tragón de energía, así que fue descartado.
Quedaban 3 solamente pero les tenía desconfianza. Le pregunté a mi proveedor si había tenido algún problema con Acer, dijo que ninguno, además de que si adquiría alguna portátil de esa marca, contaría con un seguro contra robo por un año gratis y su promesa personal de que al menor problema me la cambiaría por una nueva sin hacer preguntas. La elección estaba hecha, ya tenía nueva compañera.
La lista de 20 no ayudaba en mucho, aunque el factor económico era también determinante, ya que no compraría algo con sobrada potencia que jamás usaría. Descarté todas las que se salían demasiado de lo que quería gastar, por lo que mi lista se redujo a 14; aún eran bastantes. La pantalla para mi gusto debe ser pequeña, unas 12 pulgadas es suficiente, también proporciona dos ventajas adicionales: se reduce el peso y el consumo de batería, lo que da más autonomía; todo esto se traduce en un costo de compra mayor, casi todas estaban sobre los 18 mil pesos, cantidad que no estaba dispuesto a gastar. Pantalla de 17 o 15.4 pulgadas: no quiero un cine rodante y para ver películas ya tengo una TV, así que me decidí por una de 14.1 pulgadas.
Tenía que cuidar algo muy importante: que no se quedara obsoleta pronto por comprar un modelo descontinuado. Estuve escogiendo el bus de datos de la memoria (supongamos que el numerito determina la cantidad de carreteras para llegar a algún lugar) entre más tenga, mejor. Había unas que tenían bus de 400 Mhz, otras de 533 y algunas mas de 667; ésta última era la que más me llamaba la atención por obvias razones, pero la mayoría de la lista rondaba por el bus 533, así que marqué todas ellas junto con las de 667, la pantalla de 14.1 y el precio “convincente”.El resultado no se hizo esperar, 8 máquinas en 3 marcas diferentes a saber: Toshiba, Hp-Compaq y Acer.
Toshiba ya la conocía de una portátil que había comprado hace 6 años y que me había salido muy buena, jamás dio problemas.
Con Hp-Compaq tenía mis reservas, ya que la recién adquirida marca Compaq era conocida por sus máquinas latosas y malitas. Caso contrario de Hp que tiene fama de producir artículos de calidad.
Acer… La armadora mexicana… Hace años había comprado una de escritorio y me había salido malísima, a los primeros meses comenzó a dar problemas. En un año definitivamente ya no servía.
Estaba otra vez atorado entre una conocida que estaba cara, la segunda que me daba un poco de desconfianza y la tercera de la cual no quería saber nada, pero el precio era bastante atractivo.
¿Qué hacer? Apareció una luz en el camino. La autonomía.
Normalmente, las portátiles tienen un funcionamiento sin cables que no rebasa la hora y media, ya que tienen una batería de 4 celdas. ¿Qué alcanzas a teclear con ese tiempo? Este artículo no. La musa de la inspiración no anda por ahí sin hacer nada, está bastante ocupada.
Las Toshiba de mi lista fueron descartadas inmediatamente. Algunas Hp tampoco aguantaron y, para mi sorpresa, todas las Acer se quedaron. Tenían baterías de 6 celdas. Cuatro eran las finalistas.
Dos Hp-Compaq, una procesador AMD Sempron, otra con Intel y dos Acer con Intel. El Sempron, según comparativas que he leído trae dos problemas a saber: se sobrecalienta y es tragón de energía, así que fue descartado.
Quedaban 3 solamente pero les tenía desconfianza. Le pregunté a mi proveedor si había tenido algún problema con Acer, dijo que ninguno, además de que si adquiría alguna portátil de esa marca, contaría con un seguro contra robo por un año gratis y su promesa personal de que al menor problema me la cambiaría por una nueva sin hacer preguntas. La elección estaba hecha, ya tenía nueva compañera.
miércoles, 18 de abril de 2007
Energía
1992. En la “prepa” elegí la carrera técnica relacionada a computadoras, era lo nuevo, al menos para el mercado doméstico.
Las máquinas de nuestro módulo de prácticas incluían procesadores 8088 y 80286, con pantallas verdes y naranjas, procesadores de texto rudimentarios comparados con los actuales y dos estoicas impresoras de matriz de punto que soportaban los usos y abusos de más de un centenar de bellacos.
Fin de semestre, módulo atascado. Todos los maestros nos pedían memorias impresas de todas sus clases para asegurarse que al menos aprendiéramos a teclear. El aire acondicionado a todo lo que daba, todas la máquinas ocupadas, jóvenes yendo y viniendo, platicando, gritando, jugando. Generalmente, para hacer renegar a los demás, llegábamos y apagábamos el aire acondicionado y luego, ya que los afectados se paraban para prenderlo, nosotros mismos lo encendíamos y salíamos corriendo. Dos interruptores estaban en la pared frontal. Y surge el típico “graciosito” tratando de desconcentrar a los demás; se va hacia los interruptores y… ¡Zaz!, baja alguno. Nunca tomó en cuenta que uno era del aire acondicionado y que el otro controlaba la energía central del módulo. Tarde se dio cuenta del error que había cometido, ya que todas las máquinas se apagaron. Vuelve a subir el interruptor, pero el daño ya estaba hecho. Todo el mundo comenzó a preguntarse qué había pasado. Levantan la vista y encuentran al responsable parado frente a ellos con las manos en los controles. Chiflatas y recordatorios familiares fueron la reacción primera. La mayoría de los que estaban capturando tenían más de 2 horas tecleando sin guardar su trabajo. Las amenazas de que iba a tener que capturar el trabajo de todos no se hicieron esperar.
Algunas computadoras ya no volvieron a encender porque se habían dañado los sectores de arranque del disco duro. Algunos diskettes dañados. En general, la “bromita” había provocado una catástrofe.
Tres lecciones salieron de esto:
Primera: al bromista le quedó muy claro que el interruptor del aire acondicionado era el de la derecha.
Segunda: Los usuarios entendimos que había que configurar la opción de guardado automático que traen los programas o en su defecto salvar la información todas las veces posibles aunque parezca tic nervioso.
Tercera: a mí me quedó claro que las computadoras que lograron encender sin muchos problemas fueron las que tenían regulador instalado.
Los reguladores son una forma barata de proteger hasta cierto punto el ordenador, ya que evita que cambios bruscos en la corriente lleguen hasta la fuente de poder dejándola inservible y probablemente dañando algunos componentes mas.
En esos tiempos, poco se pensaba en tener un Ups o No-breake ya que no estaban al alcance del bolsillo de un usuario doméstico. Estos aparatejos tienen una batería y un regulador integrado, que al cortarse la corriente que los alimenta, convierte la energía de la batería en electricidad doméstica, lo que te permite seguir trabajando o guardar tu trabajo sin sobresaltos y apagar la máquina para esperar a que vuelva la energía de la red eléctrica.
Actualmente, el costo asequible los hace un elemento indispensable para cualquier computadora, ya sea de casa o de oficina. Los hay a partir de 85 dólares y te ofrecen respaldo desde 5 minutos hasta 20 dependiendo la carga a que esté sometido, las especificaciones y la calidad del No-breake. En lo personal, tengo todos mis equipos electrónicos (y algunas lámparas de escritorio) protegidos de esta manera, así que cuando se va la “luz” (que en el centro de Colima es muy constante) recuerdo que la inversión que hice en esos chismes tecnológicos valió la pena.
Las máquinas de nuestro módulo de prácticas incluían procesadores 8088 y 80286, con pantallas verdes y naranjas, procesadores de texto rudimentarios comparados con los actuales y dos estoicas impresoras de matriz de punto que soportaban los usos y abusos de más de un centenar de bellacos.
Fin de semestre, módulo atascado. Todos los maestros nos pedían memorias impresas de todas sus clases para asegurarse que al menos aprendiéramos a teclear. El aire acondicionado a todo lo que daba, todas la máquinas ocupadas, jóvenes yendo y viniendo, platicando, gritando, jugando. Generalmente, para hacer renegar a los demás, llegábamos y apagábamos el aire acondicionado y luego, ya que los afectados se paraban para prenderlo, nosotros mismos lo encendíamos y salíamos corriendo. Dos interruptores estaban en la pared frontal. Y surge el típico “graciosito” tratando de desconcentrar a los demás; se va hacia los interruptores y… ¡Zaz!, baja alguno. Nunca tomó en cuenta que uno era del aire acondicionado y que el otro controlaba la energía central del módulo. Tarde se dio cuenta del error que había cometido, ya que todas las máquinas se apagaron. Vuelve a subir el interruptor, pero el daño ya estaba hecho. Todo el mundo comenzó a preguntarse qué había pasado. Levantan la vista y encuentran al responsable parado frente a ellos con las manos en los controles. Chiflatas y recordatorios familiares fueron la reacción primera. La mayoría de los que estaban capturando tenían más de 2 horas tecleando sin guardar su trabajo. Las amenazas de que iba a tener que capturar el trabajo de todos no se hicieron esperar.
Algunas computadoras ya no volvieron a encender porque se habían dañado los sectores de arranque del disco duro. Algunos diskettes dañados. En general, la “bromita” había provocado una catástrofe.
Tres lecciones salieron de esto:
Primera: al bromista le quedó muy claro que el interruptor del aire acondicionado era el de la derecha.
Segunda: Los usuarios entendimos que había que configurar la opción de guardado automático que traen los programas o en su defecto salvar la información todas las veces posibles aunque parezca tic nervioso.
Tercera: a mí me quedó claro que las computadoras que lograron encender sin muchos problemas fueron las que tenían regulador instalado.
Los reguladores son una forma barata de proteger hasta cierto punto el ordenador, ya que evita que cambios bruscos en la corriente lleguen hasta la fuente de poder dejándola inservible y probablemente dañando algunos componentes mas.
En esos tiempos, poco se pensaba en tener un Ups o No-breake ya que no estaban al alcance del bolsillo de un usuario doméstico. Estos aparatejos tienen una batería y un regulador integrado, que al cortarse la corriente que los alimenta, convierte la energía de la batería en electricidad doméstica, lo que te permite seguir trabajando o guardar tu trabajo sin sobresaltos y apagar la máquina para esperar a que vuelva la energía de la red eléctrica.
Actualmente, el costo asequible los hace un elemento indispensable para cualquier computadora, ya sea de casa o de oficina. Los hay a partir de 85 dólares y te ofrecen respaldo desde 5 minutos hasta 20 dependiendo la carga a que esté sometido, las especificaciones y la calidad del No-breake. En lo personal, tengo todos mis equipos electrónicos (y algunas lámparas de escritorio) protegidos de esta manera, así que cuando se va la “luz” (que en el centro de Colima es muy constante) recuerdo que la inversión que hice en esos chismes tecnológicos valió la pena.
¿Cuál computadora?
La eterna pregunta…. ¿Cuál? ¿la de última tecnología que tiene funciones que ni me imagino, ni necesito y que nunca voy a usar? ¿la que está en oferta? ¿una igual a la que tiene mi mejor amigo? ¿cuál?. La respuesta es sencilla y complicada a la vez: la que necesites..!
Llegan muchos de mis amigos haciéndome esa cuestión. Respondo con otra pregunta: ¿para qué la necesitas? escribir, hacer cotizaciones, ver películas, internet, “chatear” son algunas de las diferentes respuestas que he recibido. La realidad es que para hacer la mayoría de esas actividades, ni siquiera ocupas un procesador poderoso o de última generación. Con uno medianamente nuevo tienes más que suficiente. Analicemos un poco.
Un usuario de oficina requerirá el procesador de palabras, la hoja de cálculo, ocasionalmente hará presentaciones y checará su correo.
El estudiante de secundaria o “prepa” imprimirá trabajos, buscará en la enciclopedia, chacoteará en las salas públicas y si acaso, jugará.
En el comercio, el punto de venta y el control de inventarios serán el fuerte.
Otros profesionistas entre los que se encuentran los diseñadores de publicidad e industriales, junto con los de páginas web o programadores, arquitectos e ingenieros son caso completamente distinto. Su enfoque visual los obliga a tener lo último disponible de la tecnología, ya que los programas que usan requieren demasiados procesos matemáticos. Imaginemos a un arquitecto trabajando en autocad donde requiere hacer una simulación 3D de una maqueta que va a entregar a un cliente para un proyecto de una casa, un edificio o una nave industrial. Se consideran las instalaciones sanitarias, hidráulicas y eléctricas. El hacer la simulación en una computadora mediana tardaría una cantidad de tiempo realmente desesperante.
Un vendedor foráneo necesitará estar conectado a la matriz para hacer pedidos, responder consultas, quejas. Tendrá que conectarse en diferentes lugares a Internet para hacer su trabajo. Necesita una portátil.
Un estudiante de profesional o posgrado requerirá reunirse con sus compañeros a hacer trabajos en equipo en diversos lugares. Portátil es la solución.
Con este somero recuento deducimos que la mayoría de las veces la potencia del procesador no es necesaria para muchos de los usuarios, sino para profesiones específicas.
Por otro lado, al tener una computadora de última generación nos aseguramos de encontrar en el mercado actualizaciones y piezas disponibles fácilmente, contrario a lo que pasa cuando tenemos un computadora viejita.
En lo personal tengo una medida para la edad de las computadoras (jeje así como algunas personas tienen el factor de 7 para determinar en comparativa con los humanos la edad de los perros) yo lo multiplico por 15; esto es: cada año que pasamos con una computadora es aproximadamente 15 de una persona, de tal manera que al cumplir 3 años con ella, en realidad estamos ante un artefacto madurito al que empieza a dolerle una que otra cosa. También comienzan a escasear los componentes. Contrario a los que piensan muchos, las piezas para maquinas antiguas son costosas y difíciles de conseguir. Si tienes suerte de encontrarlos estarán a precio de piezas para autos de colección.
Aquí valdría otro análisis acerca de la ética de los fabricantes de piezas y de software de crearte la necesidad de tener lo último disponible y hacerte la vida imposible con lo “viejito”. Consideremos que si no fuera así, ellos no tendrían trabajo ni dinero; somos parte integral de la maquinaria económica que hace al mundo rodar.
Llegan muchos de mis amigos haciéndome esa cuestión. Respondo con otra pregunta: ¿para qué la necesitas? escribir, hacer cotizaciones, ver películas, internet, “chatear” son algunas de las diferentes respuestas que he recibido. La realidad es que para hacer la mayoría de esas actividades, ni siquiera ocupas un procesador poderoso o de última generación. Con uno medianamente nuevo tienes más que suficiente. Analicemos un poco.
Un usuario de oficina requerirá el procesador de palabras, la hoja de cálculo, ocasionalmente hará presentaciones y checará su correo.
El estudiante de secundaria o “prepa” imprimirá trabajos, buscará en la enciclopedia, chacoteará en las salas públicas y si acaso, jugará.
En el comercio, el punto de venta y el control de inventarios serán el fuerte.
Otros profesionistas entre los que se encuentran los diseñadores de publicidad e industriales, junto con los de páginas web o programadores, arquitectos e ingenieros son caso completamente distinto. Su enfoque visual los obliga a tener lo último disponible de la tecnología, ya que los programas que usan requieren demasiados procesos matemáticos. Imaginemos a un arquitecto trabajando en autocad donde requiere hacer una simulación 3D de una maqueta que va a entregar a un cliente para un proyecto de una casa, un edificio o una nave industrial. Se consideran las instalaciones sanitarias, hidráulicas y eléctricas. El hacer la simulación en una computadora mediana tardaría una cantidad de tiempo realmente desesperante.
Un vendedor foráneo necesitará estar conectado a la matriz para hacer pedidos, responder consultas, quejas. Tendrá que conectarse en diferentes lugares a Internet para hacer su trabajo. Necesita una portátil.
Un estudiante de profesional o posgrado requerirá reunirse con sus compañeros a hacer trabajos en equipo en diversos lugares. Portátil es la solución.
Con este somero recuento deducimos que la mayoría de las veces la potencia del procesador no es necesaria para muchos de los usuarios, sino para profesiones específicas.
Por otro lado, al tener una computadora de última generación nos aseguramos de encontrar en el mercado actualizaciones y piezas disponibles fácilmente, contrario a lo que pasa cuando tenemos un computadora viejita.
En lo personal tengo una medida para la edad de las computadoras (jeje así como algunas personas tienen el factor de 7 para determinar en comparativa con los humanos la edad de los perros) yo lo multiplico por 15; esto es: cada año que pasamos con una computadora es aproximadamente 15 de una persona, de tal manera que al cumplir 3 años con ella, en realidad estamos ante un artefacto madurito al que empieza a dolerle una que otra cosa. También comienzan a escasear los componentes. Contrario a los que piensan muchos, las piezas para maquinas antiguas son costosas y difíciles de conseguir. Si tienes suerte de encontrarlos estarán a precio de piezas para autos de colección.
Aquí valdría otro análisis acerca de la ética de los fabricantes de piezas y de software de crearte la necesidad de tener lo último disponible y hacerte la vida imposible con lo “viejito”. Consideremos que si no fuera así, ellos no tendrían trabajo ni dinero; somos parte integral de la maquinaria económica que hace al mundo rodar.
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