En la colaboración pasada, hablaba de los “gadgets” esos aparatitos pequeños y llamativos que “pueden tomar” diferentes formas y funciones. Había quedado pendiente ahondar en el tema de los reproductores multimedia alternativos a iPod, el rey indiscutible de ventas.
Algún amable lector me hizo llegar el comentario de que entonces estos reproductores opcionales eran “piratas” porque quien inventó el concepto del reproductor digital era iPod (Apple). Entonces yo pregunto ¿no sería pirata también iPod, ya que Sony inventó el walkman en los años 70 y Phillips hizo lo propio con el cd, el máximo exponente de la música digital? ¿Hasta dónde podemos considerar que alguna empresa pueda “apropiarse” de una idea tan general? En fin, creo que esto será cuestión de análisis para otra ocasión.
El formato de música mp3 surge a mediados de los 90 ante la necesidad de tener más música en menos espacio, así que podemos definirlo como un formato de compresión digital. Tiene una gran ventaja, la calidad de la reproducción no se ve comprometida a pesar del tamaño reducido del archivo. Existen otros muchos formatos de compresión como pueden ser wma, ogg vorbis, aac, los cuales tienen también sus ventajas y desventajas.
En la actualidad los formatos más difundidos son Mp3 (Instituto Fraunhofer) y wma (Microsoft). Si bien el segundo ha logrado su popularidad “a fuerzas” (es el que trae por defecto toda la familia de Sistemas Operativos de Microsoft), el primero tiene adeptos naturales por su antigüedad y calidad de compresión. A partir de este formato, se crearon programas para compartir archivos entre usuarios (llamados peer to peer), quizá el más famoso ha sido Napster, envuelto en batallas legales “por promover la piratería”, luego desmembrado y vendido.
También, gracias a la popularidad del mp3 se inventaron reproductores específicos para este formato, aunque en la actualidad lo más común es que puedan reproducir los dos arriba mencionados.
Alguna vez, hace unos años, compré un “discman” (no era Sony, así que lo entrecomillo), reproducía mp3 y obviamente cd’s comunes. Tenía un sistema anti-Shock (para que no dejara de “tocar” con movimientos bruscos) de 90 segundos. Supuse que esta memoria interna era suficiente para mis necesidades, ya que lo quería para ejercitarme, específicamente para correr.
Emocionado, lo desempaqué, le coloqué las 2 baterías doble-A, conseguí un disco “eme-pe-tres” con cerca de 200 canciones, coloqué el reproductor en una “cangurera”, me puse los audífonos y me subí a la bicicleta para ir a la unidad deportiva a hacer ejercicio.
Inició la reproducción del disco sin contratiempos, pedaleé por una cuadra y… ahí comenzaron los problemas. El cantante se quedaba mudo, luego volvía a donde se había quedado, cantaba por cinco segundos y se repetía la historia. Un desastre.
Obviamente, para hacer ejercicio, no servía. Incluso después lo probé en un auto en movimiento; mientras fuera por el pavimento no había mayor problema, pero al encontrarse con una calle empedrada, como abundaban aquí hace algunos años, era insufrible el asunto. Así que lo dejé exclusivo para reproducción casera.
Desde esa mala experiencia, mi reproductor de música favorito fue mi “estereo” casero conectado a la computadora, lo que me daba la posibilidad de controlar el orden de las canciones, el número de las mismas y otras opciones más.
Cuando salieron los reproductores “nuevos”, mi recelo natural me impidió comprar uno, hasta que no estuvieran perfectamente probados. Por fin, la oportunidad llegó en noviembre pasado; compré mi primer reproductor, el cual tiene capacidad de 1Gb (280 canciones), además, la posibilidad de transportar archivos, como si fuera una de las populares memorias usb. La pantalla es de tres líneas, donde indica el nombre de la canción, su número, el tipo de compresión y la carga de la batería. Los formatos que reproduce son wma y mp3, cuenta con radio FM y grabadora de voz. Usa una sola batería triple “A” y su autonomía es de 8 horas con la recargable. Es una maravilla de la tecnología y… no es iPod.
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