En un artículo anterior comentaba la adquisición de una lap-top marca ACER, la cual venía precargada con Windows Vista Home Edition. Era lo menos que podía esperar por el precio que pagué por ella. De hecho, mi esperanza era que trajera el XP, un sistema operativo con casi 5 años de antigüedad, con infinidad de parches y actualizaciones, pero que dentro de todo funciona más o menos bien. Pero también es necesario actualizarse, me dije a mí mismo. Así que gustoso corrí a desempacar mi reciente adquisición, a probar la tan cacareada nueva versión del sistema operativo de Microsoft.
Sin meternos en muchas complicaciones, un sistema operativo es un intérprete entre lo que quiere hacer el usuario y el lenguaje computadora. En el mercado existen varios entre los más representativos están Linux, Unix, Mac Os, Solaris y por supuesto, el más conocido, Windows en todas sus versiones.
Considero que me defiendo muy bien en Windows XP y en casi todas las versiones anteriores, porque ese es mi trabajo. Domino muy bien las funciones avanzadas del mencionado sistema. Hoy, incursiono en Linux porque es un sistema operativo libre, esto es, que no tienes que pagar licencia alguna para poder usarlo, pero esto lo trataremos en otra ocasión.
Había leído que Windows Vista viene muy cambiado, que los requisitos mínimos de hardware (la parte física de la computadora) estaban muy altos para computadoras “viejitas” que son muchas en este país; que tiene gráficos mejorados y que en el pasador quedaba la inestabilidad (la típica pantalla azul cuando estas trabajando en algo importante, que te dice en pocas palabras que tu trabajo se acaba de ir a la… basura y que debes reiniciar la máquina; o que simplemente se reinicia sola) ¡¡¡¡¡¡Esta inestabilidad tan cuestionada en los sistemas operativos Windows!!!!!!
Bueno, pues desempaqué la mencionada computadora, conecté los cables de alimentación y presioné el botón de encendido. Comenzó la pantallita de inicio de carga del Vista y me puse cómodo. Sé por experiencia, que los Windows precargados en máquinas de marca (no quiere decir que las “armadas” no tengan marca, sino simplemente que son de empresas no conocidas) se tardan entre 15 y 30 minutos en estar instalados. Este tiempo depende de la velocidad del procesador y de la memoria Ram que tengamos. La máquina en cuestión tiene más Ram que cualquiera de su tipo, por lo que supuse que en unos 20 minutos estaría lista la instalación. Pasaron 15 minutos y el mensajito de “espere un momento por favor, cargando archivos…” no se quitaba y un círculo multicolor daba vueltas en pantalla. El foquito del disco duro titilaba, lo cual indica que estaba trabajando normalmente, el problema se presentaría si estuviera permanentemente encendido o apagado. Cuando habían pasado como 25 minutos, me cambió a la pantalla en la cual decía qué era lo que estaba cargando realmente. Iban 45 minutos y aún no tenía para cuando terminar. Casi a punto de pensar que estaba trabada la máquina, lo cual pasaba muy a menudo con casi todas las versiones anteriores de Windows, aparece una pantalla verde, en degradados, y unos iconos. Supuse que el proceso estaba a punto de terminar, pero no era así. Todavía faltaba que instalara todos los complementos. No me dejaba utilizar ni el teclado y si acaso el mouse apenas se movía. Pasaron otros 15 minutos sin siquiera la posibilidad de cancelar el proceso. La carga de los programas era forzada. Esa fue mi primera mala impresión de Vista.
Por fin terminó la instalación. Había transcurrido más de una hora desde el momento que comencé. Las pantallas de instalación fueron decepcionantes, porque no tenía idea de qué proceso estaba realizando o si ya se había trabado la computadora.
La siguiente decepción fue, para mi desagradable sorpresa, los menúes no se parecen para nada a Win XP, toda la estructura está cambiada. Para un técnico, que debe resolver problemas a sus clientes, como es mi caso, esto resulta caótico. Debe uno aprenderse todas las funciones de nuevo, lo que implica ponerse a estudiar aún más, porque con las computadoras antiguas que todavía tienen sistemas operativos de la familia Windows “descontinuados” traen las opciones en otro lugar o incluso no existen. Será un aprendizaje arduo porque el Vista incorpora, al parecer, más opciones que los anteriores.
Siguiente decepción. Por curiosidad, me puse a checar el tamaño del disco duro, para saber cuánto había ocupado el Vista para instalarse. Sorpresa mayúscula. 13 Gigas de mi disco duro habían “desaparecido”. Para darse una idea, eso significa que ocupó lo equivalente a 18 cd’s o 3 Dvd’s. Windows Xp con todo y Office, apenas ocupa entre tres y cuatro Gigas, así que me parece excesivo el tamaño de Vista. Si bien es cierto que el sistema es bastante gráfico, salen animaciones por todos lados, los iconos están en movimiento y todo lo manejas con el mouse; pero, ¿13 Gigas…? Entonces, ¿el próximo Office medirá seis Gigas?
En general, la sensación para un usuario como yo, es desesperación al no encontrar las opciones donde están en otros sistemas. Solo queda practicar mucho.
También es posible que a las personas que usen una computadora por primera vez, les parezca bastante cómodo e intuitivo su uso. Benditos ellos.
miércoles, 2 de mayo de 2007
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